El Camino del CAI
 
La madre y su bebé que venía del revés

Con un embarazo de casi 8 meses una mujer viene a visitarme para ver si la puedo ayudar pues su bebé viene  del revés.
Me veo mirándola con ternura y nos quedamos en silencio. Después de un ratito de repente una pregunta llena de amabilidad sale de mi boca: ¿en algún momento decidiste abortar un hijo?
—No, nunca he abortado a un hijo.
De nuevo nos quedamos en silencio.
—¿Has probado de hablar con tu pequeña para que se de la vuelta?
—Sí, alguien me lo dijo, pero no acabo creerlo pues ¿cómo me va entender mi bebé con lo pequeño que es? También me han informado que hay un masaje que consiste en darle la vuelta al bebé desde fuera, pero dicen que al ratito el bebé vuelve a la posición que tenía; y además ese masaje duele un poco, y yo ahora no estoy para que me traqueteen la barriga.
—Bien. Te propongo que le hablemos a tu hija juntos. No es imprescindible que creas que ella que te puede entender. Yo le hablaré y después le hablarás tu ¿Estás de acuerdo?
—Sí
—Como sabes no cobro nada por esto, sólo lo que tu quieras dar. Sin embargo te pediré que hagas algo a cambio, ¿estás dispuesta?
—Depende de lo que tenga que hacer, claro.
—Es muy simple y sólo te compete a ti: que a partir de ahora seas más amable contigo.
Me miró sorprendida y descubrió como las lágrimas se abrían paso por su ojos.
Después de llorar, estuvo haciéndome algunas preguntas y el tiempo posterior lo dedicamos a hablar con su pequeña También recuerdo que le di algunas indicaciones sobre caminar, y moverse.
Nos encontramos 2 veces más antes de que la Vida pariera a través de ella una hermosa niña. En la tercera ocasión sólo vino a decirme lo siguiente: —Estoy un poco nerviosa porque ahora voy al médico para que me diga si mi hija se ha dado la vuelta o no.
Sin que ella me preguntara le dije que a simple vista su cuerpo había cambiado y podía afirmar que su hija ya se había dado la vuelta, sin embargo era buena idea que fuera al médico a que se lo confirmara. 2 horas más tarde me llamó para decirme que la pequeña se había dado la vuelta.
Emocionada me comentó que quería seguir aprendiendo a hablar con el Alma de la pequeña

El Camino del CAI - El Tao de la Crianza


Me resulta más fácil explicar qué es el CAI por lo que no es, que por lo que es. Las definiciones tranquilizan pero a la vez estrechan lo que es infinito.

Cierto día, un amigo me dio la definición que hasta ahora se acerca más a lo que es el CAI, y le di las gracias por ello:


El CAI es a la crianza lo que el zen, el taoísmo o el vedanta-advaita es a la realización humana. Cuidar el Alma Infantil no es una pedagogía ni una educación; sin embargo, al Cuidar el Alma los niños y adultos se “educan”. Tampoco es una psicoterapia ni una medicina, pero la serenidad y las comprensiones que acontecen al contacto con el Alma es comprensible que puedan disminuir o desaparecer eso que llamamos problemas y enfermedades

 

El caballo que susurraba al Alma de los niños

Hace años conocí a un niño que padecía autismo. Este pequeño mejoró de modo “sorprendente” al estar en contacto con un caballo. En aquel momento yo no conocía el efecto que podía producir en el Alma de un pequeño la relación con los animales. Después de maravillarme de algo tan hermoso me pregunté: ¿acaso este caballo ha hecho un master en psicopedagogía, pedagogía sistémica, o es experto en el método de la gestión de las emociones, o en el de los bits de información., etc.? ¿Cómo es que los caballos, perros, delfines, etc., tocan tan profundamente el Alma de los pequeños, y llegan a rincones que los adultos especializados y profesionales no alcanzan?


El hacer de ese caballo tiene efectos beneficiosos en el niño autista, simplemente porque el caballo ES. Vacío de toda intención, el caballo hace lo que tiene que hacer, no le importa si el niño se va a curar o no, no tiene miedo al que dirán y tampoco le importa el prestigio profesional, simplemente está totalmente presente junto con el niño. Y el pequeño, ante una presencia tan clara, limpia y fuerte, comprende que en esencia él es la misma fuerza. En ese instante su psique infantil deja los miedos ficticios a un lado y por momentos toca un lugar de calma infinito.Y esta comunicación es sin palabras, sin información, sin métodos, sin conocimientos científicos; sólo de Corazón a Corazón.


El error de poner énfasis en los métodos educativos

Los padres y madres viven con demasiadas inquietudes y miedos con respecto a sus hijos e hijas: si aprenden o no, si siguen lo establecido, que si sería mejor seguir tal o cual método... Lo cierto es que no están vacíos, como estaba el caballo con ese pequeño con autismo, sino llenos de tensiones que estorban la percepción de lo que es realmente importante.

Todos los métodos educativos, por muy opuestos que sean, contienen algo de verdad, así que ¿para qué perder el tiempo en discutir cuál es el mejor? El problema surge cuando creemos que siguiendo tal método llegamos a lo profundo del niño, al Alma. Éste es el gran error, pues el método en sí es tan solo un medio; y, como tal, es a veces acertado y a veces no, dependiendo del niño, del profesional, de la familia, etc. Los métodos no son un fin en sí mismos; esto ya lo sabemos, y sin embargo rara vez nos encontramos con un profesional o con una familia vacía de métodos, vacía de intenciones, miedos, expectativas, prejuicios. Por ello es comprensible que cuando estamos alejados del Alma nos agarremos desesperadamente a algún método, teoría o lo que sea, pues el método nos da seguridad; una seguridad falsa pero en nuestra ignorancia y miedo, preferimos engañarnos y creer que aquello nos va a resolver los problemas.


Parafraseando a san Agustín, que dijo:

Ama y haz lo que quieras.

En el CAI decimos:

Cuida el Alma de tu pequeño,

y después edúcalo como quieras


Cuidar nuestra Alma de adulto consiste en descubrir todo aquello que nos aleja de ella y después desecharlo, pues nuestro único problema es que estamos alejados del Alma e instalados en nuestras razones, creencias, dogmas, prejuicios, etc. Todo esto nos quita la Alegría.


Cuidar el Alma de un pequeño consiste en no añadir, es decir en no cubrir su corazón de teorías y razones que estrechan o impiden su contacto pleno con el Alma. Lo que observo diariamente es que los adultos se pasan todo el día añadiendo mil razones y verdades a la psique del pequeño, que al final acaba tan confuso y estresado como el adulto.


Demasiado a menudo olvidamos que un niño es alegre porque ES, no porque tenga muchos conocimientos o posea muchas cosas. La verdadera Alegría es anterior a lo que se puede adquirir.


En apariencia, la forma de cuidar el Alma de adulto es diferente que la del Cuidado del Alma Infantil; pero eso es sólo la apariencia, pues no hay dos Cuidados, sino uno.


Que tengas una hermosa crianza


Cristóbal Gutiérrez Navas

El CAI, más que un método educativo, es un camino de realización y sabiduría cuyo punto de partida es el cuidado profundo de nuestros niños y niñas.

Al Alma no se la puede educar, pues es la fuerza que anima nuestra voluntad. Con el Alma sólo nos queda una opción: mantenernos cerca, en contacto. A este estar alerta le llamo Cuidar el Alma.

ALGUNAS HISTORIAS REALES QUE AYUDAN A COMPRENDER LA PROPUESTA DEL CAI


¿Qué queremos decir cuando decimos...?

Esta escena es bastante normal, tan normal que sinceramente me duele. Yo he cometido demasiadas veces el mismo error.

Estando en la terraza de un bar, escucho la siguiente conversación de un padre con su hijo de unos 5 años. El padre subiendo el tono: —Otra vez lo has destrozado, te he dicho que tienes que tener paciencia, ¿no me escuchas? Es que ya te lo he dicho mil veces. ¿Cuántas veces te lo he dicho, eh, cuántas?

    Veo la cara desconcertada y asustada del pequeño frente a la cara de ogro de su padre, el pequeño de algún modo sabe que conteste lo que conteste, no lo hará según como el padre quiere. Y se queda callado. El padre exasperado le contesta con un gesto que viene a decir: no sé que hacer contigo. La tristeza del hijo se acentúa y retoma el juego anterior.

    ¿Qué sentido tiene esta intervención? ¿sirve para ayudar a conseguir su supuesto objetivo: que el hijo descubra y sepa utilizar su paciencia?

    A veces pongo esta escena como ejemplo de estudio en los Grupos de Profundización. La mayoría de los que participan se fijan en que el padre de hecho es el que muestra con sus gestos, gritos, recordatorios y quejas, que tiene poca paciencia. De hecho el padre, actuando así, hace todo lo necesario para que el hijo no aprenda nada bueno.

   Sin embargo hay algo en lo que casi nadie cae, y que es igualmente muy importante o más que lo anterior, tiene que ver con la frase en sí. Si yo le digo a alguien, aunque sea de un modo amable y tierno, “tienes que tener paciencia” en realidad con esta frase estoy afirmando “que no tiene paciencia”, puesto que tiene que tener

    Probemos entonces a cambiarla por esta otra cuando el niño está enfadado porque no le sale lo que quiere: “Si sacas la paciencia que tienes dentro, seguramente conseguirías terminar lo que quieres” Con esta frase afirmo que ya tiene paciencia, por lo tanto no tiene que tenerla.

    Normalmente hablamos con nosotros y con los demás sin darnos cuenta que nuestro modo de hablar condiciona la mirada con la que vemos lo que nos acontece.

    Ahora bien ¿es suficiente, para cuidar profundamente a tu hijo decir este tipo de frases sabias? No, esto ayuda útil e importante pero no es suficiente. Quizás la siguiente experiencia que te cuento pueda aclararlo.



La mujer enfadada con todos y con todo

Hace poco, una mujer me pidió si podría asesorarla:

—Estoy pasando por una situación que no puedo soportar más. No quiero gritar a mis hijos y acabo haciéndolo. No quiero discutir con mi pareja delante de ellos y me arrepiento después de haberlo hecho. Quiero estar contenta y me veo llena de rabia conmigo y con todos, y ya estoy harta, estoy harta... —y comenzó a llorar—.

—Lo peor de todo, —continuó— es que soy profesora, y además una profesora entregada a la educación: conozco cada método nuevo que aparece, me vuelco en estudiarlo y aplicarlo en la escuela, sin embargo no me sirve. Llevo 10 años sufriendo. Bueno en realidad llevo toda mi vida de adulta, pero hace 10 años que me doy cuenta de mi estrechez porque tengo hijos y me duele el daño que les hago

   Desde el primer momento me vi reflejado en ella, recordé las veces que yo había actuado como ella. Mientras estábamos en silencio comprendí que con aquellas lágrimas, su Alma le anunciaba que estaba preparada para dejar atrás el sufrimiento. Le invité a que se convirtiera en una investigadora del Alma, una especie de Sherlock Holmes espiritual que indaga más allá de las apariencias. También le propuse que mirara más allá de sus “razones verdaderas”, pues éstas no podían ser muy verdaderas pues mantenían su rabia. Y esta mujer emprendió un viaje en pos de sí misma. Lo emprendió con ganas pero también con miedo, como ha de ser.

   En más tiempo de lo que ella quería pero en menos tiempo de lo que pensaba, tímidamente comenzó a aflorar en su rostro el atisbo de una Alegría cálida largo tiempo añorada. A la rabia, que ella había “cuidado” celosamente durante años, también le llegó su otoño. Seca y sin vida, la rabia fue desprendiéndose de su corazón, y de éste afloró una ternura que redondeaba sus facciones. En la mirada de esta mujer comenzó a emerger lo que ella misma llamó Amor Grande. Esto no sólo fue una alegría para ella también para sus hijos y pareja.

    Lo que me resulta hermoso de esta vivencia, es que esta mujer decidió tomar la fuerza de su rabia y emplearla en mirar más allá de lo aparente, para, en lugar de seguir regocijándose en sus amargas razones, entrar en la parte de su corazón donde habita la Alegría.

En estos 30 años dedicado al cuidado de adultos y niños, poco a poco he ido consolidando una estructura simple que facilita que las familias pueda mantenerse en sintonía con el Alma, y así cuidar de sí mismas y de sus hijos e hijas.


FORMACIÓN CAI: Profundizar en el acercamiento al Alma, en esencia consiste en estar alerta para distinguir aquello que nos aleja de ella, es decir desde la perspectiva del CAI es una labor de investigación para descubrir y tirar todo aquello que no somos nosotros. Por tanto la Formación CAI se dirige a quien ya ha asistido a algún Encuentro CAI y desea profundizar. Para ello contará con la ayuda necesaria: la propia Formación, el seguimiento y tutoría de Cristóbal, el apoyo del grupo, así como reuniones del grupo fuera de los días específicos de la Formación.

La Formación CAI, de momento está en suspenso pues la estamos reestructurando. Te sugerimos que te mantengas en contacto con nosotros.

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